Nothing but take pictures

Este viaje fue algo que se organizó a si mismo. El efecto de  establecer condiciones iniciales y echar a andar el tiempo. Quizá la primer ocasión en que pensé ilustrar “La Bitácora del Mar de Cortez” de John Steinbeck fue después de leer un fragmento, apenas en la página 11 de la edición de bolsillo de Penguin:

“…during low tides we all collected; there was no time to dry hands and photograph at the collecting scene. Later, the anesthetizing, killing, preserving, and labeling of specimens were so important that we still took no pictures. It was an error in personnel. There should be a camera-man who does nothing but take pictures.”

John Steinbeck

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La inmunidad y la inflamación

Aiptasia es una anémona que aprovechó el despliegue de la navegación humana para su dispersión en del planeta. Adherida a los cascos de los barcos este polizonte fue conquistando cada puerto del mundo. Su presencia desplazó inevitablemente a otras especies endémicas.

Aiptasia, al igual que Elysia, es un universo: en el interior de sus tentáculos habitan pequeños dinoflagelados fotosintéticos el género Symbodinium. Pero en este caso la contribución está llena de sutilezas. Olivier Detournay de la Universidad de Oregon ha estudiado estos animales marinos en búsqueda de una respuesta que le ayude a comprender las interacciones entre especies. Durante sus observaciones ha descubierto que los dinoflagelados segregan una substancia anti inflamatoria que inhibe la respuesta inmune y de ese modo son aceptados por su huésped.

El primer recurso con el que un sistema inmune cuenta para alertar sobre una amenaza es la inflamación. De esa señal de alarma derivan todas las respuestas que la evolución le ha  dado a un organismo para repeler intrusos. Para penetrar en Aiptasia los dinoflagelados encontraron un truco y se hospedaron dentro de un organismo, en una simbiosis que no puede ser descrita como un amigable intercambio de recursos, sino como un sistema regulado.

Solo bajo ciertas condiciones ambientales esta asociación es posible, cualquier cambio en la temperatura o la salinidad  del agua puede terminar con el frágil acuerdo. Tanto Aiptasia como Symbiodinium pueden vivir independientemente, así que la posibilidad de ruptura es una carta siempre sobre la mesa. El temperamento de la relación entre ambos depende de sutiles cambios bioquímicos.

Además de las células que componen un organismo, deben incluirse como parte de su identidad millones de microbios que sirven y se sirven de él. Una infinidad de creaturas que sin poseer el código genético de su huésped, ejecutan funciones sin las cuales su vida no sería posible. Tratar de entender cada interacción puede ser poco preciso.

Neutralismo, amensalismo, mutualismo o comensalismo. Son etiquetas que pretenden fragmentar algo que convendría observar como un todo.

Aiptasia

Aiptasia

La competencia de las respiraciones

La primera vez que vi a Elysia diomedea fue cerca del manglar que protege la duna del Cardón, en la Bahía San Ignacio. Aquí las mareas se extienden sobre una gran superficie y crean un escenario donde las condiciones oscilan entre extremos. Dos veces al día el desierto se inunda y la desolación desaparece. Es sustituida por un espejo que refleja el cielo.

En esa ocasión caminé sobre un humedal para acercarme a algunos restos de manglar enterrados en el cieno. Debajo del agua la madera hospedaba una prolífica colonia de algas y esponjas donde abundaba Codium, o también conocido como “tripa de gato”. Fue entonces cuando vi como Elysia se alimentaba de esta alga, una de sus favoritas. La relación que este pequeño Opistobranquio marino mantiene con Codium hizo que me cuestionara la idea que hasta ahora había tenido sobre la nutrición. Elysia no digiere su alimento. En su interior, células individuales del alga sobreviven, sus cloroplastos microscópicos funcionan como si el organismo que las hospeda fuese el propio. Entre este pequeño molusco y Codium existe una relación que va mas allá de la simbiosis y que hace borrosa la línea existente entre el reino vegetal y el animal. Entre lo que es un organismo y lo que es un hábitat. Elysia es -en efecto- un animal fotosintético

Este pequeño ser -de color verde pálido- lleva dibujado un patrón de líneas blancas a lo largo de su cuerpo. Elysia no cuenta con la protección de una concha como la mayoría de sus parientes moluscos. Su defensa ante los depredadores se concentra en la síntesis de substancias tóxicas y en un espectacular ornamento sobre su lomo que le sirve como advertencia a los depredadores.

Para Elysia la competencia no es el motor de su evolución, sino la colaboración la que otorga nuevas posibilidades de supervivencia, la relación con diferentes especies, la endosimbiosis tal como la concibe Lynn Margulis: “El entendimiento del ecosistema como un organismo integral y la integración de un individuo hasta convertirse en el hábitat mismo”. Por lo tanto, no hay diferencia, y se podría afirmar que Elysia es Codium y Codium es Elysia. Un híbrido con componentes genéticos derivados de dos especies aparentemente separadas y distintas.

Hace poco, los biólogos Sydney Pierce y Nicholas Curtis detectaron rastros de una transferencia horizontal de ADN entre los núcleos de las células de Codium y Elysia, lo que demuestra una integración evidente.

A lo largo de nuestra educación escolar nos enseñan que existen diferencias radicales entre plantas y animales, que las plantas tienen cloroplastos y los animales mitocondrias. Pero después de observar la vida microscópica las diferencias parecen menos aparentes, en algunos sitios, existen especies de zooplancton y fitoplancton casi idénticas, con la única diferencia de que unas producen oxígeno y las otras bióxido de carbono.

A través del microscopio los intervalos entre los reinos se vuelven difusos, el cambio de fase entre la luz roja y la luz verde es menos evidente, los caminos entre el hierro y el magnesio se diversifican. Existe un equilibro entre las respiraciones de las plantas y las de los animales. Un pacto complementario.

Elysia Diomedea

Diciembre 15, 2012

Isla Espíritu Santo

Las Equipatas, le dicen en el golfo a las lluvias de diciembre. Pero esto no es una Equipata común. Un frente frío ha empujado aire húmedo del pacífico contra el sur de la península de un modo, a mi gusto, inoportuno. Esto ha provocado lluvias y vientos muy fuertes en la caleta del Candelero donde en mi imprudencia he anclado demasiado cerca de una pared de piedra. Teóricamente este lugar debería de protegerme de los vientos del noreste, predominantes en esta época del año, pero hoy el viento sopla desde el oeste con arrogancia estadística. Y no hay mucho que pueda hacer, debería estar lejos de estas piedras y tener por lo menos veinte metros de descuello en el ancla. Podría atender estas preocupaciones pero con este viento lo mejor es no moverme, romper la inercia del fondeo en estas condiciones es muy difícil aun para un velero ligero como Anabaena y cualquier titubeo puede significar el fin de la nave. Puedo echar una segunda ancla como respaldo y quitar de cubierta todo lo que ofrezca demasiada resistencia al viento. Eso y montar guardia permanente durante la noche.

No hay escape.

Pero hay suficiente luz para contemplar la imagen de caos y gris tormenta. El ancla se afianza y el miedo cede. El gran muro destructor ya no me amenaza. Me he convertido en cómplice de su resistencia.

Noviembre 2, 2012

El Pulguero

A 25 kilómetros al norte del Puerto de La Paz, por la carretera que conduce a playas famosas como Balandra y Tecolote, se separa un camino que va degradandose en una brecha relativamente accesible.  Desde esta ruta se puede ver ampliamente el Canal de San Lorenzo y del otro lado la Isla Espíritu Santo. Uno conduce hasta llegar a un pequeño cerro donde hay dos letreros, el frecuente mantenimiento no ha permitido que sol y viento borren las palabras prohibido y privada. Hay que dar vuelta a la izquierda y a partir de ahí conviene conducir por lo que aparente ser el camino más transitado para evitar acabar atascado en la arena del desierto. Después de un kilómetro la vereda llega a la costa y vira al este. Uno maneja un poco más hasta llegar a un grupo de rocas entre dos playas de arena blanca. A este lugar se le conoce como El Pulguero. La playa sur es favorita entre los locales que en ocasiones prefieren un lugar poco concurrido para disfrutar del fin de semana cerca del mar. Pero el verdadero tesoro esta entre las rocas que se extienden unos trescientos metros hacia el norte. He esperado un par de semanas para encontrarme aquí durante las mareas más grandes de Octubre. Ansioso por continuar la observación del misterio de la bajamar. Hoy es mi oportunidad, la tabla de mareas indica que justo a las 16:30 horas el nivel medio del mar habrá bajado 14 pulgadas, suficiente para apreciar los pequeños universos que quedan aislados cuando las aguas se retiran. Mi primer enfrentamiento con este hábitat es sobre una superficie de piedras redondas. A mi paso decenas de Isópodos se alborotan y escapan, su numero disminuye mientras me acerco al agua, entonces sucede otra transición donde las rocas alternan entre pedazos de arena endurecida, aquí puedo ver pequeños Balanos sobre las rocas y algunos Gasterópodos. En la arena, hay grandes grupos de Anémonas empacadas geométricamente. Y después comienza la mar, en la orilla hay dos rocas de 4 metros de altura, entre ellas se ha creado un mundo efímero, una pequeña piscina donde hay un hervidero de vida microscópica además de camarones de colores, ofiuras, pepinos de mar, gusanos Serpúlidos, un sin fin de macroalgas y brotes de coral. Este lugar es el escenario que estaba buscando y viene con los personajes incluidos para la historia que quiero contar. Pero el momento mágico sucede muy rápido. Me he sentado sobre una piedra justo en el borde de este hábitat y miro fijamente el charco. Después de un rato los bichos han olvidado mi presencia y salen de sus guaridas. Un Camarón con franjas azules espera junto a un Gobio. Se acerca el clímax de la bajamar. Puedo sentir la expectativa y me parece que la vida frente a mi la siente también. Trato de tener conciencia de un instante, de un punto en la línea de mi búsqueda, cuando el tiempo se detiene, se invierte y vuelve a fluir. El fin de una revolución y el comienzo de otra. Y entonces sucede, El Pulguero deja de derramarse y es reconstituido. El misterio ha sido revelado.

Este lugar es reconocido por su diversidad entre los académicos de La Paz. Muchos investigadores de los tres colegios especializados han aprovechado sus virtudes. Pero El Pulguero no solo fascina a los biólogos marinos. A 150 metros de donde estoy, justo donde acaba el camino, hay un risco rocoso que se levanta unos 10 metros sobre el canal. Junto a estas piedras se encuentra un sitio arqueológico asombroso.

Aquí existió una de las canteras más antiguas del sur de la península. Hace tres mil años, los primeros colonos Baja Californianos reconocieron la alta calidad de la piedra Riolita que brota en la ladera y la usaron para crear la herramienta de moda: La piedra bifacial, fundamental en la vida doméstica de antaño y muy útil en la creación de utensilios de madera y hueso, como arpones y remos.

Este es el extremo norte de la sierra riolítica que cruza el sur de la península, donde la piedra se hunde para aparecer nuevamente convertida en la Isla Espíritu Santo. Desde donde estoy puedo ver el punto exacto donde la roca asciende del otro lado del canal y justo a la derecha la Punta Lobos, donde Steinbeck y Ricketts hicieron su primera parada en la Isla, el 20 de Marzo de 1940.

Me parece que se cruzan las miradas, desde la cima de este risco tengo la misma imagen que tuvieron aquellos especialistas neolíticos. Observo el paisaje del canal y la isla e imagino a decenas de percusionistas practicando su oficio, dominando el arte de convertir un pedazo de matriz volcánica en un fino cuchillo, simétrico y filoso. Seguro se escucharía con fuerza el sonido de los impactos de piedra contra piedra, que haría evidente la presencia de las canteras cientos de metros a la redonda. Aquí encuentro otra simetría singular, otro caso para mi colección de patrones: El sonido que había en las canteras durante el tiempo de su explotación se oye todo el tiempo debajo del agua. Miles de chasquidos se escuchan bajo la superficie del pulguero. Pero estos no son producidos por artesanos sino por cazadores. Camarones para ser exacto de la familia Alpheus, dotados de una pinza con tal poder, que cuando la cierran violentamente emite una onda ultrasónica que provoca una explosión microscópica. Capaz de aturdir tanto a presas como a depredadores. Muchos buzos conocen este sonido parecido al de freír papas. Y hoy me parece que el sonido de las canteras del pulguero fue un eco de la percusión original, la que viene del Golfo.

El Pulguero se encuentra en un extremo de la península, donde se definen los niveles del fractal de la costa, la Bahía dentro del Golfo como el Golfo dentro del Océano Pacífico.

También se encuentra en el extremo de su supervivencia. Este lugar es codiciado por grandes protagonistas del desastre inmobiliario en Baja California. Si bien el activismo local y las crisis económicas han mantenido a raya el desarrollo, es solo cuestión de tiempo para que estas rocas, sus bichos y las canteras ancestrales sean reemplazadas por lujosas residencias que conmoverán a los turistas.

Floridian ugliness

“On the water’s edge of La Paz a new hotel was going up, and it looked very expensive. Probably the airplanes will bring weekenders from Los Angeles before long, and the beautiful poor bedraggled old town will bloom with a Floridian ugliness”

John Steinbeck “The Log from the Sea of Cortez”

Junio 2, 2012

LA PAZ BCS

Cualquier cosa que permanezca dentro del mar por una temporada es suceptible a ser colonizada. Esto significa enormes problemas para la industria naval ya que el incremento de superficie en un casco expuesto limita la hidrodinámica y aumenta el consumo de combustible. Para mitigar estos efectos se pintan los fondos de los barcos con pinturas muy tóxicas que regulan el crecimiento de algas, esponjas y moluscos. Incluso me he enterado que en algunos puertos de Yucatán los encargados de esa labor aprovechan el poder del chile habanero al mezclarlo con la pintura correspondiente. Pero esto solo sirve para ganar tiempo, aún así eventualmente se da un crecimiento y se tiene que recurrir al mismo sistema que se usa desde hace 5000 años: una espátula y un buzo.

Una parte de las fotos de la bitácora las estoy tomando en la marina de La Paz, la marina es un lugar muy cómodo para trabajar, con corriente alterna, agua dulce de sobra y también representa a su manera, el intervalo entre mar y tierra.

Muchos conservacionistas dudan del efecto de las marinas en el hábitat marino, pero a mí me parece un ambiente diverso, sobre todo microscópicamente. Debajo de los tablones de madera de Teca que cómodamente distribuyen marineros a sus naves, vive un arrecife infinito.

Aquí he encontrado especies de Plankton que no hay en otro lugar de la bahia, un microcosmos derivado de condiciones inventadas, con especies que no deberían estar aquí. Evidencia de una sucesión de colonizaciones muy antigua.

Cuando comencé mis exploraciones marinas me fascinaba la idea de encontrarme con hábitats inmaculados. El Golfo de California tiene esa reputación y esperaba observar lugares donde el balance de la vida permaneciera estable por mucho tiempo. Esta ilusión desapareció rápidamente cuando me di cuenta que la forma original del Golfo ha sido modificada muchas veces y desde hace mucho tiempo. Quizá esta sea la verdadera cara del Golfo: en constante cambio. Pero cada vez los cambios son más frecuentes y las especies simplemente no tienen los recursos suficientes para adaptarse.

Una de las láminas está dedicada a los Balanos. Ricketts y Steinbeck observaron esta especie de molusco Cirrípedo por todo el Golfo, pusieron especial atención a los que encontraron en la Isla Tiburón y en la Isla Espíritu santo.

Hace 300 años no había Balanos en el Golfo ni en otro lugar del mundo más que en el Océano Indico, pero el desarrollo de la navegación humana progresivamente fue infectando cada puerto de Balanus reticulatus. Adherido como polizón, poco a poco Balanus se dispersó por todo el planeta desplazando especies endémicas. Colonizando en un dramático evento invasivo.

Hoy en día no hay puerto que no sufra del efecto de Balanus.

En una ocasión dejé a Anabaena durante el verano en el agua y olvidé darle mantenimiento. Cuando volví en Octubre el efecto había sido desastroso. Al principio me gustó la idea de tener mi propio arrecife personal, así que me puse a tomarle fotos y recolectar muestras. Pero pronto me di cuenta de que era algo que debía de tomar en serio. Cuando el mantenimiento no es constante el crecimiento es exponencial y puede dejar daños irreversibles en el casco.

Balanus cuenta con una concha de Calcita que se adhiere a las superficies a un nivel casi molecular y cuando crece demasiado se necesita algo más que una espátula para desprenderlo, a veces la fibra de vidrio cede antes que la concha y puede ser el principio del fin de un barco.

Pero Balanus no es un tirano, a su alrededor la vida fluye y prospera en un ecosistema donde participan algas, esponjas, ofiuras, tunicados y organismos microscópicos como diatomeas y dinoflagelados.

El “biofouling” -como lo llaman los gringos-  es una sucesión de especies que culmina en un hábitat clímax donde la vida se estabiliza. Primero es apenas una delgada película de hongos y bacterias, después la algas microscópicas llegan y sirven de plataforma para que otras algas mas grandes crezcan, así como esponjas y medusas. Después llega el Balano y desplaza lo que había antes por sus conchas con forma volcánica, algunas especies permanecen y entre todos crean una plataforma para que la vida microscópica sobreviva. Otra dilatación de lo solido o cristalización de lo líquido. La vida manifestada con contundencia.

Hace algunos días, durante mi llegada por avión al puerto de La Paz, pude observar los barcos distribuidos ordenadamente en las marinas. Desde el aire parecen un montón de dientes, una mazorca monumental. Ahora me parece que también ellos, como yo, requieren de la habilidad de un dentista especializado en limpieza. De mi boca, he tomado una muestra del sarro que debí de haber removido hace meses y la observo bajo el microscopio. Hay en mi dentadura arrecifes de Coral.

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Mayo 10, 2012

La Paz BCS

Una guitarra nueva debe de ser domesticada y afinarla una sola vez con precisión no es suficiente, es necesario invertir tiempo y dedicación a un proceso que puede tomar varias semanas, hasta que al fin, el instrumento se somete y obtiene la consistencia con la cual se desempeñará toda su vida. Una guitarra tierna debe de ser afinada constantemente, sus piezas ceden todo el tiempo al ser iniciadas en un universo de tensiones, compresiones y resonancias armónicas nunca antes experimentadas. La caja cambia de forma sutilmente ante su primer enfrentamiento con vibraciones, El diapasón se tuerce, los clavijeros se van endureciendo poco a poco y todo esto se refleja en el sonido. Es una rutina de estira y afloja, una negociación de temperamentos. No se debe de intentar llegar muy lejos al principio, o los daños pueden ser irreparables. Hay que ser gentil, pero arremeter con firmeza a la primer oportunidad.

Un velero se parece a una guitarra, sus melodías obedecen a las mismas pasiones.

Sus partes coinciden: El mástil, el puente o el fondo. Las dos herramientas lidian con fuerzas similares pero para la guitarra, el músico es el viento.

La música que surge de un velero es muy abstracta y depende tanto del interprete como de la impecable manufactura del instrumento. Cuando los dos se sincronizan el resultado es una sinfonía, un concierto de significados. El viento es protagonista, su efecto sobre la superficie de la genovesa es indicador preciso del rumbo óptimo y cuando los obenques están en buen estado responden a los estímulos con un coro de melodías. Al velear sobre el viento las olas golpean el fondo del barco convirtiéndolo en un instrumento de percusión donde cada compás se interpreta como un diagnóstico de la navegación y del estado del barco. La orza y el mástil vibran como una sola cuerda cuando la nave alcanza su máxima eficiencia. El desplazamiento es armónico y el revoloteo de mi pequeña bandera mexicana se integra al acompañamiento.

En un velero sucede una fusión precisa entre instrumento, interprete y partitura.

Algunas veces he reflexionado sobre paralelismos entre un velero y otros artefactos que impliquen el uso de carpintería e ingeniería, como muebles o algunos tipos de arquitectura. Quizá también se podrían hacer analogías con un piano, mas la acústica de un velero es particular. Steinbeck reconoció estas propiedades en un fragmento de la bitácora:

“Once, passing the boat department of Macy’s in New York, where there are duck-boats and skiffs and little cruisers, one of the authors discovered that as he passed each hull he knocked on it sharply with his knuckles. He wondered why he did it, and as he wondered, he heard a knocking behind him, and another man was rapping the hulls with his knuckles, the same tempo- three sharp knocks on each hull. During an hour’s observation there no man or boy and few women passed who did not do the same thing. Can this have been an unconscious testing of the hulls? Many who passed could not have been in a boat, and yet everyone tested the hulls, knocked to see if they were sound, and did not even know he was doing it. The observer thought perhaps they and he would knock on any large wooden object that might give forth a resonant sound. He went to the piano department, icebox floor, beds, cedar-chests, and no one knocked on them – only on boats.”                  

John Steinbeck “The Log from the Sea of Cortez”

Anabaena ha pasado por muchas actualizaciones. Cuando la compré no estaba preparada para navegar en mar abierto pero poco a poco ha ido adquiriendo un carácter marino. Fue construida en San Francisco por Tom Schock durante los noventas. El Santana 2023C se basa en el casco de un velero de carreras adaptado a la cabina de un crucero pequeño.  Fue diseñado para ser remolcado así que muchas concesiones en el diseño obedecen a la prioridad de hacerlo liviano. Al navegar vientos fuertes conviene tener un barco pesado, pero Schock resolvió la necesidad de estabilidad adicional incluyendo en el Santana una cámara de lastre de agua. Este sistema se utiliza actualmente en muchos barcos de alto desempeño. Básicamente se trata de un tanque de agua de mar debajo del piso de la cabina que actúa como contrapeso para evitar que el barco escore.

Conozco algunos marinos de la vieja escuela que parecen no estar muy convencidos con la idea de meter 600 litros de agua en espacio que tradicionalmente corresponde a la cabina. Para mí ha significado algunas fugas y ajustes, pero el Santana se ha comportado muy bien y tiene las características perfectas para esta exploración de las mareas.

Algunos marineros son muy supersticiosos. A veces me da la impresión de que a muchos no les gusta mojarse, hay incluso los que no saben nadar y aunque hay muchos tipos de marineros en la mar, dos clases sobresalen evidentemente de los demás.

Están los que usan botes a motor, preocupados por llegar con velocidad a su destino y están los que gustan de los veleros, cuyo interés tiene que ver más con el trayecto que con el arribo.

Son estos últimos los que forjan una relación intima con la nave, los que se entregan a los caprichos de viento y marea. Para ellos la mar no es un adorno, ni navegar un pasatiempo. Y esto sucede por mera necesidad porque aquí el océano no debe ser discriminado. Mientras los turistas disfrutan de la comodidad de sus yates y de sus pantallas de alta definición, en un velero la jornada empieza y termina con trabajo.

Entre un velero y su marinero en verdad se forja una relación de simbiosis, de colaboración para la supervivencia, hasta que los dos se vuelven un mismo organismo:

“Some have said they have felt a boat shudder before she struck a rock, or cry when she beached and the surf poured into her. This is not mysticism, but identification; man, building this greatest and most personal of all tools, has in turn received a boat-shaped mind, and the boat, a man shaped soul”

John Steinbeck   “The Log from the sea of Cortez

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Furious exuberance

“The sea here swarms with life, and probably the ocean bed is equally rich. Microscopically, the water is crowded with Plankton. This is the tuna water –life water. It is complete from Plankton to gray porpoises… Everything ate everything else with a furious exuberance”.

John Steinbeck “The Log from the Sea of Cortez”