We shall succeed

“During the trip between San Francisquito and Angeles Bay, we worried again over the fact that we were not taking photographs. As has been said, no one was willing to keep his hands dry long enough to use the cameras. Besides, none of us knew much about cameras. But it was a constant source of bad conscience to us.

On this day it bothered us so much that we got out the big camera and began working out its operation. We figured everything except how to put the shutter curtain back to a larger aperture without making an exposure. Several ways were suggested  and, as is often the case when more than one method is possible, an argument broke out which left shutters and cameras behind. This was a good one. Everyone except Sparky and Tiny, who had the wheel, gathered on the hatch around the camera, and the argument was too much for the steersmen. They sent down respectful word that either we should bring the camera up where they could hear the argument, or they would abandon their posts. We suggested that this would be mutiny. Then Sparky explained that on an Italian fishing boat in Monterrey mutiny, far from being uncommon, was the predominant state of affairs. and that he and Tiny would rather mutiny than not. We took the camera up on the deckhouse and promptly forgot it in another argument. Except for a completely worthless lot of 8-mm. movie film, this was the closest we came to taking pictures. But some day we shall succeed.”

Jonh Steinbeck, “The Log of the Sea of Cortez”, April 1, 1940

Western Flyer

Mayo 29, 2011

Este día repetiremos la rutina, pero ahora empezamos más temprano. Nos despierta el sonido de las Móbulas cuando amarizan “de panzazo” después de uno de sus vuelos característicos. El lugar es increíble así que vamos a permanecer aquí un día más.

Esta vez salen del agua más Ofiuros, el erizo comestible Tripneustes y las estrellas de mar Oreaster reticulatus y Phataria multifascialis.

Por la tarde el viento nos obliga a cambiar de posición al sur de la pequeña península en la esquina noroeste de la isla. Anclamos justo en el momento del atardecer para observar un evento; un grupo de Gallitos ha encontrado un cardumen de alimento y disponen de él con todas las herramientas que les otorgó la naturaleza. De manera opuesta al panzazo de las móbulas, los gallitos configuran sus cuerpos en forma de flecha. Apuntan y disparan, el sonido que hacen cuando tocan el agua es como el de una herramienta neumática, una munición que se descarga.

Durante el atardecer, el escenario pertenece a las Tres Vírgenes. Después, en el canal de San Marcos se representa otro espectáculo. Poco a poco se van prendiendo las luces en las pangas de los pescadores de Calamar que se distribuyen por lo largo del canal. Desde nuestra perspectiva parece una carretera congestionada, la línea de luces de una calle sin nombre. Pero aquí la luz no solo se aprovecha para iluminar el camino, aquí se utiliza como carnada. Atraídos por una luminiscencia artificial los Calamares son capturados con eficiencia.

Yo también mordí un anzuelo parecido cuando decidí dedicarme a la fotografía.

Mayo 28, 2011

Después de una taza de café soluble, comenzamos los  preparativos para movernos a nuestra siguiente estación de trabajo. La marea está bajando rápidamente y Philippe no me deja trazar el curso con el GPS, así que salimos de la caleta interpretando las variaciones en el tono turquesa del canal y la textura en la superficie del agua. Viejo lobo de mar que es, Philippe sabe bien que en la mar la tecnología se opone a la independencia. Coarta tu libertad, reduce la sensibilidad del marinero.

Una vez en el canal de San Marcos el viento nos permite cruzar con velocidad, hacemos casi 5 nudos y “Anabaena” se comporta muy bien. Tenemos el objetivo de alcanzar Punta Chivato en algún momento de la tarde pero tan pronto nos acercamos a la Isla nos damos cuenta de que eso no va ser posible. La corriente en el canal no nos favorece y el viento está cambiando, después de intentarlo durante una hora y con una reparación menor pendiente, ajustamos el rumbo al norte, hacia la Isla San Marcos.

Hacia San Marcos

Hacemos nuestra reparación en la pequeña bahía que sirve de puerto a la Mina de San Marcos. Los grandes yacimientos de yeso en la isla constituyen la principal fuente de este mineral en el país. Setecientas personas viven en el pequeño pueblo de San Marcos y su sustento depende de la explotación minera. Pero el yeso no va a durar para siempre, en quince o veinte años el depósito se agotará y los isleños tendrán que decidir entre cambiar su forma de vida o dejar el pueblo.

Este patrón de desarrollo y decadencia se repite por toda la península, La misma Santa Rosalía ha sufrido de este olvido industrial cuando los yacimientos de cobre se agotaron y los mineros dejaron los esqueletos industriales y sociales abandonados.

Nuestro nuevo objetivo es una pequeña caleta en el extremo noroeste de la isla. Los vientos predominantes en esta zona del Mar de Cortez son relativamente predecibles durante esta época del año y nuestro nuevo fondeadero nos permite escoger nuestra posición dependiendo del viento. Es un lugar excelente, nuestro comité de recepción son riscos naranjas y Gallitos pescando cerca de las rocas.

Una vez anclados hacemos una exploración de la orilla, después de un par de horas en el agua regresamos para evaluar el botín: Nidorellia armata; la estrella de chispas de chocolate, una colección de Ofiuros, Astrometis, Phataria, un Chitón café y un gusano poliqueto. Aunque muchas de estas especies no fueron recolectadas por Ricketts aquí, representan la fauna de esta zona y están catalogadas en otras estaciones de recolección de “La Bitácora”.

Cada ejemplar pasa por luces y cámara para después ser devuelto a su hábitat , durante una segunda inmersión.

Este día tomamos fotografías durante seis horas, después de haber veleado cinco y buceado dos. Es un trabajo extenuante pero la belleza del lugar te permite descansar profundamente.

Celebramos con lo que queda del whiskey de una expedición anterior y un plato de Arroz con frijoles; “rice and beans”, un clásico de la Baja.

All things are one

“All things are one thing and that one thing is all things – plankton, a shimmering phosphorescence on the sea and the spinning planets and an expanding universe, all bound together by the elastic string of time.”

John Steinbeck & Edward F. Ricketts “Sea of Cortez: A Leisurely Journal of Travel and Research”

Mayo 27, 2011

La Caleta de San Lucas es un estero de muy poca profundidad, Steinbeck y Ed Ricketts lo visitaron el 29 de Marzo de 1940. Debido al gran calado de un barco sardinero como el “Western Flyer” la expedición hizo su desembarco en una pequeña lancha.

Nosotros somos muy afortunados, me acompaña mi amigo Phillipe Danigo y nos encontramos a bordo de la “Anabaena” un velero que cuenta con una orza abatible, lo que nos permite entrar a esteros poco profundos. Una vez dentro de la caleta, la selección del lugar donde fondearemos la hacemos a pié, remolcando el velero con el cabo del ancla en una mano y el agua por encima de las rodillas.

La marea esta por subir y ya no debe bajar mas. Dado que la vida profesional de Ricketts giró en torno a las mareas, me parece adecuado comenzar el viaje de este modo.

La barra de arena que protege a la caleta del canal de San Marcos tiene apenas 50 metros de ancho y es el primer objetivo lógico para buscar las especies en la lista de Ricketts.

Ahora puedo comparar la imagen de hace 70 años con la actual, la fabricación literaria de este lugar con la fabricación de mis sentidos.

La primer imagen es terrible. El estero se encuentra convertido en un tiradero de rayas y móbulas. Fileteadas por pescadores que abandonan los restos en la orilla. Eficientemente asimiladas por una densa población de isópodos que no puede ser normal.

Los esqueletos de las rayas son impresionantes, son un enrejado de pequeñas falanges cartilaginosas que les permite cambiar la forma de su cuerpo, un milagro de la hidrodinámica.

Predomina un hedor a decadencia y a sulfuro de hidrógeno, probablemente de la descomposición del alga Ulva lactuca entre las rocas.

Este lugar no deja de ser interesante, debajo del protagonismo de los isópodos, cangrejos ermitaños toman partido y los equinodermos se alimentan en zonas un poco más profundas.

Regresamos al barco, los especímenes recolectados están en sus recipientes  y el escenario se encuentra listo. Un joven de Pachygrapus crassipes es convocado. “Estos cangrejos son incansables” comenta Philippe, después de intentar durante media hora inmovilizarlo. Ahora es el turno de un grupo de pequeños ermitaños en sus conchas de Ceritios. Entre los invitados uno sobresale por su buen desempeño detrás de cámaras. Se nos ha ocurrido llamarle Marilyn y es protagonista de varias fotografías excelentes. La última sesión del día se le dedica a un erizo purpura que encontramos firmemente adherido a un caracol Strombus.

Después de regresar las muestras de donde las tomamos y ya entrada la noche, la caleta se transforma en un lugar apacible, el viento se ha calmado y la laguna se vuelve un espejo. Las estrellas y su reflejo se funden en el horizonte y tenemos la impresión de estar en el espacio.

 

Mayo 26, 2011

En épocas de mucho trabajo, mis espacios de lectura se ven reducidos al tiempo que paso esperando, haciendo cola, conmutando entre las labores operativas de una ciudad.

Mi primer lectura de “La Bitácora” fue fragmentada por un escenario moderno. Bahía Magdalena en una sala de espera, Isla Espíritu Santo dentro de un avión, Bahía de los Ángeles en la fila del banco. Para el día que terminé de leer el libro la producción de las fotografías que lo ilustrarían ya estaba avanzada. Me tardé tanto en terminarlo que el día que lo hice sentí como si hubiese caído en una trampa. Sometido ahora, a un patrón de acontecimientos que no se pueden evitar.

Aunque algunas de las fotos incluidas en la colección las produje desde el 2007, la primer foto la tomé el 27 de mayo del 2011, de Pachygrapsus crassipes, el cangrejo pardo de las rocas, durante mi fondeo dentro de la Caleta de San Lucas, 15 kilómetros al sur de Santa Rosalía, Baja California Sur.

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Mayo 24, 2011

Este viaje fue algo que se auto-organizó. El efecto de  establecer condiciones iniciales y echar a andar el tiempo. Quizá la primer ocasión en que pensé ilustrar “La Bitácora del Mar de Cortez” de John Steinbeck fue después de leer un fragmento, apenas en la página 11 de la edición de bolsillo de Penguin:

“…during low tides we all collected; there was no time to dry hands and photograph at the collecting scene. Later, the anesthetizing, killing, preserving, and labeling of specimens were so important that we still took no pictures. It was an error in personnel. There should be a camera-man who does nothing but take pictures.”

John Steinbeck

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