Septiembre 2, 2011

San Diego, California

He pasado los últimos 8 meses de este año sin probar alimento del mar. Ni mis amigos ni mi familia me comprenden y ya ni yo sé porque lo estoy haciendo. Phillipe dice que es algo religioso, una “manda”. Probablemente tenga razón.

Durante las últimas semanas solo veo referencias del desastre, el documentalismo francés insiste en forjar una corriente cinematográfica a partir del fatalismo. Ya había detectado esta tendencia cuando vi “Home” de Yann Arthus-Bertrand, que dedica la última media hora de la película al horror. Lo mismo sucede en “Océanos”, donde Cluzaud y Perrin también esperan al final del programa para darnos una lección con algunas de las imágenes más crueles que he visto.

No sé si se han dado cuenta estos artistas, pero si algo hemos perfeccionado en occidente es la omisión de culpas, de hecho es lo que nos mantiene vivos. Omitir nuestras responsabilidades, nos permite mantener nuestro estilo de vida.

Así que he decidido abrazar el horror, asumir el final. El mar se va a morir, el mundo se va a acabar, yo también y todos.

Pero ¿cuándo?…

¿Cuánto puedo retardar ese momento?

Fue en el puerto de San Diego donde comenzó el viaje de “La Bitácora”. Steinbeck vió el tamaño de la flota del pacífico unos meses antes de que fuera destruida. El ataque a Pearl Harbor determinaría el fracaso comercial de “The log from the sea of Cortez” ya que fue ese mismo día, el 7 de diciembre de 1940, cuando salió a la venta.

Me encuentro en el Museo de Historia Natural de la ciudad de San Diego para entrevistarme con Mick Hager, el director del museo. Vamos a explorar la posibilidad de realizar una exposición, con impresiones de las láminas, en algún momento del 2013.

Parece que el museo gira alrededor del Golfo. Existe un acento paleontológico, pero mucho es marino. Sobre ballenas, tiburones, Plancton y el agua. En el vestíbulo está colgado el famoso Megalodonte creado por Jim Melli. Este modelo es especial, sintetiza toda la información disponible sobre este animal de hace 10 millones de años. El problema con la reconstrucción de cualquier escualo prehistórico es su esqueleto cartilaginoso, sumamente biodegradable. Así que no existe un registro fosil confiable que nos indique que forma tenía realmente, esto hace este modelo un poco más especulativo que todos los demás, con más intervención del artista.

En una pantalla gigante, se exhibe “Ocean Oasis”, un espectacular documental acerca del Golfo de California producido por el museo y dirigido por Soames Summerhays. http://www.oceanoasis.org/

La pieza central del museo no se encuentra dentro del edifico. Frente a la entrada norte, una enorme higuera es el primer anfitrión para los visitantes de Balboa Park.

Me esperan dentro de una oficina. Se encuentran Mick Hager con Abe Ordover, Tim Murray y Mike Wall. Después de presentarnos comienzo con la línea de Steinbeck que me atrapó: “There should be a camera-man who does nothing but take pictures.”

Hago este viaje acompañado de mi familia, viene con nosotros la pequeña Fernanda en su primer visita a los Estados Unidos. Mi sobrina tiene dos años y va a conocer Sea World. La idea no me fascina pero todos acordaron esto con anticipación y no tiene ningún sentido opinar. En estos casos me ajusto el cinturón, procuro no sacar las manos del carrito y me dejo llevar por la deriva colectiva de un viaje familiar. La primer actividad es hacer una cola enorme, la segunda es hacer un plan. Mi hermano me extiende un mapa para que fije el rumbo. Un mapa de Sea World… santo cielo…

Los pingüinos no se ven descuidados. Las orcas parecen encontrar satisfacción en la vanidad y los lobos marinos aceptan el papel de payasos a cambio de no tener que soportar el hambre a la que son sometidos por sus entrenadores. También han puesto unas pequeñas piscinas llamadas “The tide pools” donde los niños pueden tomar una estrella de mar con las manos. Algunas estrellas están prácticamente descarapeladas. No me opongo a esto porque es lo mismo que yo hago. De cualquier modo es cruel.

Supongo que Sea World funciona como herramienta de divulgación, pero de divulgación de ¿qué?. Fernanda se la está pasando bien y eso es suficiente para olvidar mis utopías revolucionarias. No sé si estos miles de niños van a encontrar su conexión con el mar en Sea World, tal vez suceda lo contrario y pierdan interés, mas nos vale.

Después de un día de atracciones y souvenirs nos disponemos a alimentarnos adecuadamente. Sigo necio con no comer cosas que salgan del mar y mi familia lo sabe, aún así el lugar elegido es un Red Lobster, el Mac Donald’s de la comida marina. Estoy hambriento y hoy es el festival del Cangrejo.

El Cangrejo es delicioso.