Furious exuberance

“The sea here swarms with life, and probably the ocean bed is equally rich. Microscopically, the water is crowded with Plankton. This is the tuna water –life water. It is complete from Plankton to gray porpoises… Everything ate everything else with a furious exuberance”.

John Steinbeck “The Log from the Sea of Cortez”

Marzo 7, 2012

Bahia Magdalena

Anoche soñé con un bosque de arboles blancos. Tronco, ramas y hojas blancas sobre un fondo de estrellas. No es la primera vez que tengo este sueño, pero ahora viene reforzado por las imágenes del manglar durante la caminata de anoche.

Cuando despierto un banco de niebla cubre el campamento y aparentemente los coyotes estuvieron rondando nuestras tiendas durante la noche. También se escucha la respiración de las ballenas y el coro matutino de las Fregatas entre el mangle.

Este espectacular manglar ha atrapado nuestra atención durante la primera parte de nuestra visita a Isla Magdalena y no he atendido la zona al sur de nuestro campamento.

Desde donde levanté mi tienda se extiende una playa unos dos kilómetros al sur hasta que otro brote de mangle hace imposible el acceso a pié. Primero hay una duna dorada, que se derrama lentamente sobre la playa. Después comienza un humedal. Esta zona se inunda solamente durante las mareas más altas y eso ha provocado un hábitat todavía más extremo . Una vez más, un universo dentro de otro universo, donde la bonanza de las mareas no sucede una vez al día sino solo una vez al mes.

Después del humedal comienza otro manglar y luego la playa se vuelve inaccesible, volteo a mirar el camino recorrido. La marea está bajando y ahora la playa esta partida en dos por un delgado rizo de agua que escurre lo que queda de la pleamar.

Hay un reflejo de algo blanco donde el arrollo encuentra el canal, no parece ser una concha, seguramente se trata de basura, polietileno…

Tiene forma ovalada, almendrada. Mientras me acerco me doy cuenta de lo que es. Definitivamente no es basura, es un jibión: el sofisticado instrumento de navegación de un tipo de molusco.

Parece un hueso pero no está hecho de carbonato de calcio común. Está compuesto de aragonita, un mineral con una simetría superior a la del carbonato, más compleja.  Un cristal de calcio, que alguna vez tuvo en su interior una Sepia.

Una Sepia es un cefalópodo, como los pulpos y los calamares. Usan su Jibión para controlar su flotabilidad y percibir el ambiente marino. Son curiosas, inteligentes y muy elegantes.

Forman parte de la tradición de todos los fotógrafos, antiguamente los laboratorios utilizaban la tinta de la Sepia para teñir las impresiones fotográficas con un tono marrón y por eso ahora se le dice así a este tipo de acabado.

Voy a dejar este jibión aquí donde lo encontré. Estoy contento por el hallazgo.

La marea ha depositado un montón de conchas de Chitones junto a unas piedras. Los Chitones son otro tipo de molusco, más primitivo que la Sepia pero igual de interesante. Por su aspecto les dicen las cucarachas del mar pero yo creo que este nombre les queda mejor a los Isópodos que sí se comportan como cucarachas.

Ariel y Catalina se suman a mi búsqueda y me traen un regalo. Ariel trae entre sus manos un puño de arena y me da instrucciones -aquí hay un cangrejo de los que buscas- , se refiere a un cangrejo violinista con su característica tenaza gigantesca.

Pongo la arena en una ziplock y caminamos hasta un tronco encallado. Debajo, en un charco,  hay una masa verde y gelatinosa que no puede ser un alga. En el 2007 me encontré con estos animales del otro lado de la isla. Son moluscos también, a esta especie en particular se le conoce como Liebre de mar. Pero ahora no parece Liebre y aunque está adaptado para estos intervalos fuera del agua yo lo quiero fotografiar en acción. Lo llevamos con la misma técnica del puño de arena a la laguna donde comienza el arrollo y tan pronto entra en el agua se reconstituye. Extiende sus membranas y sus dos ojos, el verde toma un tono mas amarillento. Sigue sin parecer Liebre, más bien tiene la forma de una babosa, con los ojos saltones. Estos moluscos gelatinosos no tienen concha, la mayoría no la necesitan ya que son sumamente tóxicos y los depredadores lo saben. Pero en algún lugar leí que tenían el vestigio de un caracol. Me voy a aventurar a meter mi dedo dentro de las membranas de este bicho a ver que puedo tocar.

Sí, si hay algo.

As much fun as we might

“We must remember three things,” he said to them. “I will tell them to you in the order of their importance. Number one and first in importance, we must have as much fun as we can with what we have. Number two, we must eat as well as we can, because if we don’t we won’t have the health and strength to have as much fun as we might. And number three and third and last in importance, we must keep the house reasonably in order, wash the dishes, and such things. But we will not let the last interfere with the other two.”

John Steinbeck (Ed Ricketts talking to his children during a particularly lean time)

Marzo 6, 2012

Bahía Magdalena

Ayer montamos el campamento en medio de la noche y como la humedad alcanzaba el punto de rocío, armamos lo básico y nos fuimos a caminar por las dunas.

Isla Magdalena es un banco de arena de veinte kilómetros de largo por uno de ancho. Además de los pescadores que a veces hacen sus campamentos en la playa, la población residente de mamíferos en la Isla se limita a Coyotes, Liebres y pequeños roedores. Los Coyotes son los amos de la isla y si bien no se han reportado incidentes graves derivados de la convivencia con humanos, queda claro que ellos dominan este territorio y que pocas cosas suceden de las que ellos no tengan noticia. Para ellos una visita de campistas significa una oportunidad. Pero no siempre es alimento lo que buscan. Entre las dunas, como en el resto de la península el bien más preciado es el agua dulce, y se debe aprovechar cada oportunidad para recolectarla, especialmente durante las mañanas cuando la condensación del rocío representa muchas veces, la única oportunidad para obtener el líquido vital.

Durante nuestra caminata nocturna observamos algunos rastros de huellas sobre la arena y escuchamos aullidos de los coyotes pero no vimos ninguno.

Regresamos al campamento y no hay viento, se escuchan con claridad las exhalaciones de las ballenas grises que navegan el canal entre la isla y la península, el concierto dura toda la noche. Esta mañana, antes de despertar, las respiraciones se confundieron con los sueños.

Es evidente que los Coyotes visitaron el campamento durante la noche, pero aparentemente solo realizaron un reconocimiento ya que no robaron nuestras provisiones y la única evidencia de su visita son las abundantes huellas sobre la arena alrededor de las tiendas de campaña.

Ahora saldremos a recorrer a fondo las dunas para  entender las dimensiones de la isla.

Al norte del campamento está lo que queda de un manglar que en otra época debió de extenderse de un extremo a otro de la isla, ahora sobrevive lo suficiente como para hacer un refugio para las aves que viven aquí: Fregatas, Gaviotas y Pelícanos.

Ariel, Emilio y yo estamos caminando por el borde del manglar hacia el oeste, queremos cruzar la delgada isla para mirar el Océano Pacífico. Lo podemos escuchar a lo lejos, pero no sabemos su distancia. La luna casi está llena e ilumina las dunas con luz plateada, tenemos compañía, veo detrás de un arbusto una silueta. Un Coyote nos acecha con discreción.

Ariel es el primero en tomar iniciativa y para nuestra sorpresa el pequeño Coyote no es tímido. Algo sucede entre Ariel y el Coyote, así que Emilio y yo tomamos asiento para observar el espectáculo. Comenzó una danza de película épica gringa, alternando entre el miedo y la curiosidad. Dos mamíferos reclaman contacto, territorio. Ariel se recuesta sobre la arena y rueda, el coyote parece desconcertado, pero es curioso y se acerca. Después de un rato de cortejo se tocan por un instante consumando así un fenómeno eléctrico, la descarga de un capacitor, millones de electrones cambiando de lugar.

El coyote corre y se aleja sin voltear. Ariel se levanta y se sacude la arena. Yo estoy mudo pero Emilio dice -pues sí, otro día en la oficina- y tras el comentario estallamos en risas y regresamos a la irrealidad de las dunas, al nivel inmediato inferior, en el que nos encontrábamos hace rato.

Aparentemente estos Coyotes están acostumbrados al contacto humano, sin embargo no parecen depender de los alimentos de los frecuentes campistas, parece que su dieta no incluye frituras y panquecitos. Su interés gira alrededor del agua dulce.

De regreso en el campamento Ariel se da cuenta de que falta su manta plateada de supervivencia. Accesorio muy importante porque a él le gusta dormir al aire libre y el clima del desierto suele ser extremo durante la madrugada.  La manta no está pero en su lugar hay muchas huellas de coyote.

En seguida discutimos algo que Ariel me contó hoy por la mañana, al principio no le creí pero ahora todo toma sentido. Hoy temprano me conto que sorprendió a un Coyote bebiendo del agua condensada en su manta brillante.

Así que a fin de cuentas el botín era la mantita productora de agua, el pozo mágico que se regenera cada mañana. Sin duda un bien codiciado entre las tribus locales.

Quizá la danza con coyotes fue solo un señuelo, una distracción que nos mantuviese lejos del campamento mientras otro miembro de la manada ejecutaba el plan. O tal vez fuimos víctimas de uno de esos engaños realizados por los oportunistas locales para obligar al turista a pagar un precio. Como en Cuba, donde suceden cosas parecidas.

Aunque insisto en que la ofrezca en favor de la diplomacia Ariel no quiere sacrificar su mantita, después de todo es suya y está dispuesto a luchar por ella. La única pista son las huellas del coyote en la arena, empezamos ahí y después de una breve búsqueda rastreamos uno de los caminos que usan para entrar al manglar. Alumbramos un túnel en la enramada con las lámparas y como a 20 metros de nosotros esta enredada la mantita reluciente. Los coyotes no pudieron con ella y la abandonaron, es un objeto demasiado complejo para manipularlo en la densidad del manglar.

Ariel se sumerge entre las ramas y discute por un rato con el manglar que al final accedió en devolver la manta mística a su legítimo dueño.

Marzo 5, 2012

Bahía Magdalena

En la orilla siempre suceden cosas interesantes, los Manglares me fascinan especialmente, es donde la línea entre la mar y la tierra se vuelve difusa, entre lo líquido y lo sólido. La vida sucede dentro de este intervalo, el punto crítico entre cambio de fase. Nuestros cuerpos de vertebrados respetan el mismo patrón, nuestra carne parece alternar entre dos estados. desde nuestros núcleos óseos y hasta la piel somos algo gelatinoso, ni seco ni mojado, casi pura agua, casi.

Cuando hace calor nuestro cuerpo transpira una atmósfera, la superficie se vuelve líquida, en los poros de la piel se crean océanos microscópicos, cenotes hirvientes.

Y cuando hace frio todo parece endurecerse, todo el tiempo el estado de nuestra materia oscila entre extremos sin alcanzar un modo definitivo. Vivos nos evaporamos y muertos nos condensamos.

Entre lo solido y lo liquido. Así comprendo la vida, el punto donde dos estados de la materia se dilatan y se subliman.

También nuestro planeta parece ocupar una órbita entre estados, donde el agua líquida puede existir. Más cerca del sol habitan solo rocas y más lejos gases.

El desierto casi es líquido y fluye a un ritmo distinto que la mar. cuando el viento sopla, las partículas operan un poco más lento que el agua. La arena del desierto cambia de sitio y los dibujos sobre las dunas se confunden con las ondas en la superficie del mar.

Puedo observar los mismos patrones en la yema de mis dedos, alternando entre partículas de arena húmeda. Recuerdo la superficie de un grano de arena de una de mis fotografías microscópicas y casi puedo comprender un fragmento de “Augurios de inocencia”, mi poema favorito de William Blake:

“To see a world in a grain of sand,  And heaven in a wild flower, Hold infinity in the palm of your hand, And eternity in an hour”.

Casi toda la arena esta echa de cuarzo: dióxido de silicio. Molecularmente el cuarzo y el agua tienen mucho en común, cuando coinciden suceden cosas asombrosas como el ópalo, que debe su iridiscencia a una red de burbujas microscópicas de agua atrapadas dentro del cristal.

El agua y el cuarzo se parecen mucho, de hecho, algunos tipos de hielo bajo presión, comparten la simetría de la Tridimita y la Cristobalita, dos formas de cuarzo. Esto es posible ya que las moléculas H20 y SiO2 tienen las mismas proporciones y el potencial para formar cristales muy estables. Pero la molécula del cuarzo es más grande, ocupa la siguiente dimensión, una frecuencia más alta.

Un copo de nieve y un grano de arena son también cosas parecidas, dos maneras de entender la diversidad y el infinito. Un copo de nieve muere joven, apenas ha sido creado y se extingue, su tiempo para convivir con las infinitas variables del ambiente es limitado, pero suficiente para obtener identidad. Un grano de arena permanece más en el mundo. Su interior se mantiene simétrico y cristalino pero su corteza ha sido accidentada por el tiempo. Dotándolo de más complejidad.

Grano de arena

 

Estoy en Bahía Magdalena acompañado del staff del laboratorio. Viene Ariel, Emilio, Catalina, René y Leo. Los seis vamos a acampar en las dunas al sur de la Bocana de la Soledad en la Isla Magdalena, aquí la Ballena Gris encuentra santuario y abundante alimento para sus ballenatos.

Aquí todo lo sólido es cuarzo y todo lo líquido agua. Es el lugar ideal para observar las sutilezas entre los dos estados.

Nuestro amigo Pascual nos ha depositado en un lugar protegido de los vientos y con acceso a las dunas, al manglar y al canal.

Desde hace muchos años, Pascual ha encontrado la manera de alimentar a su familia trabajando en esta bahía. Como muchos lugareños, han cambiado la pesca por el turismo para obtener ingresos y aunque el negocio se ha regulado con los años y las restricciones han aumentado, él y su esposa Lidia se las han arreglado para mantener la prosperidad en su familia. Uno esperaría que fueran aficionados a las ballenas o a los delfines, pero a Lidia le gustan los elefantes, y tiene en su casa una colección que va desde juguetes de feria hasta sofisticadas artesanías. Es raro encontrar tantos elefantes en una casa en medio del desierto. Quizá para Lidia los elefantes signifiquen su conexión con el resto del planeta. En el pueblo de Adolfo López Mateos como en mucho de la Baja, se necesitan referencias para no olvidarse del mundo. Cuando le pregunté a Lidia porque su afición, me contestó que le gustan desde niña, que su gente lo sabe y que sabe que regalarle.