Noviembre 2, 2012

El Pulguero

A 25 kilómetros al norte del Puerto de La Paz, por la carretera que conduce a playas famosas como Balandra y Tecolote, se separa un camino que va degradandose en una brecha relativamente accesible.  Desde esta ruta se puede ver ampliamente el Canal de San Lorenzo y del otro lado la Isla Espíritu Santo. Uno conduce hasta llegar a un pequeño cerro donde hay dos letreros, el frecuente mantenimiento no ha permitido que sol y viento borren las palabras prohibido y privada. Hay que dar vuelta a la izquierda y a partir de ahí conviene conducir por lo que aparente ser el camino más transitado para evitar acabar atascado en la arena del desierto. Después de un kilómetro la vereda llega a la costa y vira al este. Uno maneja un poco más hasta llegar a un grupo de rocas entre dos playas de arena blanca. A este lugar se le conoce como El Pulguero. La playa sur es favorita entre los locales que en ocasiones prefieren un lugar poco concurrido para disfrutar del fin de semana cerca del mar. Pero el verdadero tesoro esta entre las rocas que se extienden unos trescientos metros hacia el norte. He esperado un par de semanas para encontrarme aquí durante las mareas más grandes de Octubre. Ansioso por continuar la observación del misterio de la bajamar. Hoy es mi oportunidad, la tabla de mareas indica que justo a las 16:30 horas el nivel medio del mar habrá bajado 14 pulgadas, suficiente para apreciar los pequeños universos que quedan aislados cuando las aguas se retiran. Mi primer enfrentamiento con este hábitat es sobre una superficie de piedras redondas. A mi paso decenas de Isópodos se alborotan y escapan, su numero disminuye mientras me acerco al agua, entonces sucede otra transición donde las rocas alternan entre pedazos de arena endurecida, aquí puedo ver pequeños Balanos sobre las rocas y algunos Gasterópodos. En la arena, hay grandes grupos de Anémonas empacadas geométricamente. Y después comienza la mar, en la orilla hay dos rocas de 4 metros de altura, entre ellas se ha creado un mundo efímero, una pequeña piscina donde hay un hervidero de vida microscópica además de camarones de colores, ofiuras, pepinos de mar, gusanos Serpúlidos, un sin fin de macroalgas y brotes de coral. Este lugar es el escenario que estaba buscando y viene con los personajes incluidos para la historia que quiero contar. Pero el momento mágico sucede muy rápido. Me he sentado sobre una piedra justo en el borde de este hábitat y miro fijamente el charco. Después de un rato los bichos han olvidado mi presencia y salen de sus guaridas. Un Camarón con franjas azules espera junto a un Gobio. Se acerca el clímax de la bajamar. Puedo sentir la expectativa y me parece que la vida frente a mi la siente también. Trato de tener conciencia de un instante, de un punto en la línea de mi búsqueda, cuando el tiempo se detiene, se invierte y vuelve a fluir. El fin de una revolución y el comienzo de otra. Y entonces sucede, El Pulguero deja de derramarse y es reconstituido. El misterio ha sido revelado.

Este lugar es reconocido por su diversidad entre los académicos de La Paz. Muchos investigadores de los tres colegios especializados han aprovechado sus virtudes. Pero El Pulguero no solo fascina a los biólogos marinos. A 150 metros de donde estoy, justo donde acaba el camino, hay un risco rocoso que se levanta unos 10 metros sobre el canal. Junto a estas piedras se encuentra un sitio arqueológico asombroso.

Aquí existió una de las canteras más antiguas del sur de la península. Hace tres mil años, los primeros colonos Baja Californianos reconocieron la alta calidad de la piedra Riolita que brota en la ladera y la usaron para crear la herramienta de moda: La piedra bifacial, fundamental en la vida doméstica de antaño y muy útil en la creación de utensilios de madera y hueso, como arpones y remos.

Este es el extremo norte de la sierra riolítica que cruza el sur de la península, donde la piedra se hunde para aparecer nuevamente convertida en la Isla Espíritu Santo. Desde donde estoy puedo ver el punto exacto donde la roca asciende del otro lado del canal y justo a la derecha la Punta Lobos, donde Steinbeck y Ricketts hicieron su primera parada en la Isla, el 20 de Marzo de 1940.

Me parece que se cruzan las miradas, desde la cima de este risco tengo la misma imagen que tuvieron aquellos especialistas neolíticos. Observo el paisaje del canal y la isla e imagino a decenas de percusionistas practicando su oficio, dominando el arte de convertir un pedazo de matriz volcánica en un fino cuchillo, simétrico y filoso. Seguro se escucharía con fuerza el sonido de los impactos de piedra contra piedra, que haría evidente la presencia de las canteras cientos de metros a la redonda. Aquí encuentro otra simetría singular, otro caso para mi colección de patrones: El sonido que había en las canteras durante el tiempo de su explotación se oye todo el tiempo debajo del agua. Miles de chasquidos se escuchan bajo la superficie del pulguero. Pero estos no son producidos por artesanos sino por cazadores. Camarones para ser exacto de la familia Alpheus, dotados de una pinza con tal poder, que cuando la cierran violentamente emite una onda ultrasónica que provoca una explosión microscópica. Capaz de aturdir tanto a presas como a depredadores. Muchos buzos conocen este sonido parecido al de freír papas. Y hoy me parece que el sonido de las canteras del pulguero fue un eco de la percusión original, la que viene del Golfo.

El Pulguero se encuentra en un extremo de la península, donde se definen los niveles del fractal de la costa, la Bahía dentro del Golfo como el Golfo dentro del Océano Pacífico.

También se encuentra en el extremo de su supervivencia. Este lugar es codiciado por grandes protagonistas del desastre inmobiliario en Baja California. Si bien el activismo local y las crisis económicas han mantenido a raya el desarrollo, es solo cuestión de tiempo para que estas rocas, sus bichos y las canteras ancestrales sean reemplazadas por lujosas residencias que conmoverán a los turistas.

Floridian ugliness

“On the water’s edge of La Paz a new hotel was going up, and it looked very expensive. Probably the airplanes will bring weekenders from Los Angeles before long, and the beautiful poor bedraggled old town will bloom with a Floridian ugliness”

John Steinbeck “The Log from the Sea of Cortez”