Diciembre 15, 2012

Isla Espíritu Santo

Las Equipatas, le dicen en el golfo a las lluvias de diciembre. Pero esto no es una Equipata común. Un frente frío ha empujado aire húmedo del pacífico contra el sur de la península de un modo, a mi gusto, inoportuno. Esto ha provocado lluvias y vientos muy fuertes en la caleta del Candelero donde en mi imprudencia he anclado demasiado cerca de una pared de piedra. Teóricamente este lugar debería de protegerme de los vientos del noreste, predominantes en esta época del año, pero hoy el viento sopla desde el oeste con arrogancia estadística. Y no hay mucho que pueda hacer, debería estar lejos de estas piedras y tener por lo menos veinte metros de descuello en el ancla. Podría atender estas preocupaciones pero con este viento lo mejor es no moverme, romper la inercia del fondeo en estas condiciones es muy difícil aun para un velero ligero como Anabaena y cualquier titubeo puede significar el fin de la nave. Puedo echar una segunda ancla como respaldo y quitar de cubierta todo lo que ofrezca demasiada resistencia al viento. Eso y montar guardia permanente durante la noche.

No hay escape.

Pero hay suficiente luz para contemplar la imagen de caos y gris tormenta. El ancla se afianza y el miedo cede. El gran muro destructor ya no me amenaza. Me he convertido en cómplice de su resistencia.