Mayo 10, 2012

La Paz BCS

Una guitarra nueva debe de ser domesticada y afinarla una sola vez con precisión no es suficiente, es necesario invertir tiempo y dedicación a un proceso que puede tomar varias semanas, hasta que al fin, el instrumento se somete y obtiene la consistencia con la cual se desempeñará toda su vida. Una guitarra tierna debe de ser afinada constantemente, sus piezas ceden todo el tiempo al ser iniciadas en un universo de tensiones, compresiones y resonancias armónicas nunca antes experimentadas. La caja cambia de forma sutilmente ante su primer enfrentamiento con vibraciones, El diapasón se tuerce, los clavijeros se van endureciendo poco a poco y todo esto se refleja en el sonido. Es una rutina de estira y afloja, una negociación de temperamentos. No se debe de intentar llegar muy lejos al principio, o los daños pueden ser irreparables. Hay que ser gentil, pero arremeter con firmeza a la primer oportunidad.

Un velero se parece a una guitarra, sus melodías obedecen a las mismas pasiones.

Sus partes coinciden: El mástil, el puente o el fondo. Las dos herramientas lidian con fuerzas similares pero para la guitarra, el músico es el viento.

La música que surge de un velero es muy abstracta y depende tanto del interprete como de la impecable manufactura del instrumento. Cuando los dos se sincronizan el resultado es una sinfonía, un concierto de significados. El viento es protagonista, su efecto sobre la superficie de la genovesa es indicador preciso del rumbo óptimo y cuando los obenques están en buen estado responden a los estímulos con un coro de melodías. Al velear sobre el viento las olas golpean el fondo del barco convirtiéndolo en un instrumento de percusión donde cada compás se interpreta como un diagnóstico de la navegación y del estado del barco. La orza y el mástil vibran como una sola cuerda cuando la nave alcanza su máxima eficiencia. El desplazamiento es armónico y el revoloteo de mi pequeña bandera mexicana se integra al acompañamiento.

En un velero sucede una fusión precisa entre instrumento, interprete y partitura.

Algunas veces he reflexionado sobre paralelismos entre un velero y otros artefactos que impliquen el uso de carpintería e ingeniería, como muebles o algunos tipos de arquitectura. Quizá también se podrían hacer analogías con un piano, mas la acústica de un velero es particular. Steinbeck reconoció estas propiedades en un fragmento de la bitácora:

“Once, passing the boat department of Macy’s in New York, where there are duck-boats and skiffs and little cruisers, one of the authors discovered that as he passed each hull he knocked on it sharply with his knuckles. He wondered why he did it, and as he wondered, he heard a knocking behind him, and another man was rapping the hulls with his knuckles, the same tempo- three sharp knocks on each hull. During an hour’s observation there no man or boy and few women passed who did not do the same thing. Can this have been an unconscious testing of the hulls? Many who passed could not have been in a boat, and yet everyone tested the hulls, knocked to see if they were sound, and did not even know he was doing it. The observer thought perhaps they and he would knock on any large wooden object that might give forth a resonant sound. He went to the piano department, icebox floor, beds, cedar-chests, and no one knocked on them – only on boats.”                  

John Steinbeck “The Log from the Sea of Cortez”

Anabaena ha pasado por muchas actualizaciones. Cuando la compré no estaba preparada para navegar en mar abierto pero poco a poco ha ido adquiriendo un carácter marino. Fue construida en San Francisco por Tom Schock durante los noventas. El Santana 2023C se basa en el casco de un velero de carreras adaptado a la cabina de un crucero pequeño.  Fue diseñado para ser remolcado así que muchas concesiones en el diseño obedecen a la prioridad de hacerlo liviano. Al navegar vientos fuertes conviene tener un barco pesado, pero Schock resolvió la necesidad de estabilidad adicional incluyendo en el Santana una cámara de lastre de agua. Este sistema se utiliza actualmente en muchos barcos de alto desempeño. Básicamente se trata de un tanque de agua de mar debajo del piso de la cabina que actúa como contrapeso para evitar que el barco escore.

Conozco algunos marinos de la vieja escuela que parecen no estar muy convencidos con la idea de meter 600 litros de agua en espacio que tradicionalmente corresponde a la cabina. Para mí ha significado algunas fugas y ajustes, pero el Santana se ha comportado muy bien y tiene las características perfectas para esta exploración de las mareas.

Algunos marineros son muy supersticiosos. A veces me da la impresión de que a muchos no les gusta mojarse, hay incluso los que no saben nadar y aunque hay muchos tipos de marineros en la mar, dos clases sobresalen evidentemente de los demás.

Están los que usan botes a motor, preocupados por llegar con velocidad a su destino y están los que gustan de los veleros, cuyo interés tiene que ver más con el trayecto que con el arribo.

Son estos últimos los que forjan una relación intima con la nave, los que se entregan a los caprichos de viento y marea. Para ellos la mar no es un adorno, ni navegar un pasatiempo. Y esto sucede por mera necesidad porque aquí el océano no debe ser discriminado. Mientras los turistas disfrutan de la comodidad de sus yates y de sus pantallas de alta definición, en un velero la jornada empieza y termina con trabajo.

Entre un velero y su marinero en verdad se forja una relación de simbiosis, de colaboración para la supervivencia, hasta que los dos se vuelven un mismo organismo:

“Some have said they have felt a boat shudder before she struck a rock, or cry when she beached and the surf poured into her. This is not mysticism, but identification; man, building this greatest and most personal of all tools, has in turn received a boat-shaped mind, and the boat, a man shaped soul”

John Steinbeck   “The Log from the sea of Cortez

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