La competencia de las respiraciones

La primera vez que vi a Elysia diomedea fue cerca del manglar que protege la duna del Cardón, en la Bahía San Ignacio. Aquí las mareas se extienden sobre una gran superficie y crean un escenario donde las condiciones oscilan entre extremos. Dos veces al día el desierto se inunda y la desolación desaparece. Es sustituida por un espejo que refleja el cielo.

En esa ocasión caminé sobre un humedal para acercarme a algunos restos de manglar enterrados en el cieno. Debajo del agua la madera hospedaba una prolífica colonia de algas y esponjas donde abundaba Codium, o también conocido como “tripa de gato”. Fue entonces cuando vi como Elysia se alimentaba de esta alga, una de sus favoritas. La relación que este pequeño Opistobranquio marino mantiene con Codium hizo que me cuestionara la idea que hasta ahora había tenido sobre la nutrición. Elysia no digiere su alimento. En su interior, células individuales del alga sobreviven, sus cloroplastos microscópicos funcionan como si el organismo que las hospeda fuese el propio. Entre este pequeño molusco y Codium existe una relación que va mas allá de la simbiosis y que hace borrosa la línea existente entre el reino vegetal y el animal. Entre lo que es un organismo y lo que es un hábitat. Elysia es -en efecto- un animal fotosintético

Este pequeño ser -de color verde pálido- lleva dibujado un patrón de líneas blancas a lo largo de su cuerpo. Elysia no cuenta con la protección de una concha como la mayoría de sus parientes moluscos. Su defensa ante los depredadores se concentra en la síntesis de substancias tóxicas y en un espectacular ornamento sobre su lomo que le sirve como advertencia a los depredadores.

Para Elysia la competencia no es el motor de su evolución, sino la colaboración la que otorga nuevas posibilidades de supervivencia, la relación con diferentes especies, la endosimbiosis tal como la concibe Lynn Margulis: “El entendimiento del ecosistema como un organismo integral y la integración de un individuo hasta convertirse en el hábitat mismo”. Por lo tanto, no hay diferencia, y se podría afirmar que Elysia es Codium y Codium es Elysia. Un híbrido con componentes genéticos derivados de dos especies aparentemente separadas y distintas.

Hace poco, los biólogos Sydney Pierce y Nicholas Curtis detectaron rastros de una transferencia horizontal de ADN entre los núcleos de las células de Codium y Elysia, lo que demuestra una integración evidente.

A lo largo de nuestra educación escolar nos enseñan que existen diferencias radicales entre plantas y animales, que las plantas tienen cloroplastos y los animales mitocondrias. Pero después de observar la vida microscópica las diferencias parecen menos aparentes, en algunos sitios, existen especies de zooplancton y fitoplancton casi idénticas, con la única diferencia de que unas producen oxígeno y las otras bióxido de carbono.

A través del microscopio los intervalos entre los reinos se vuelven difusos, el cambio de fase entre la luz roja y la luz verde es menos evidente, los caminos entre el hierro y el magnesio se diversifican. Existe un equilibro entre las respiraciones de las plantas y las de los animales. Un pacto complementario.

Elysia Diomedea

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